11 de enero de 2140
Me llamo Anna y no debería estar aquí. No debería existir. Pero existo.Todo transcurrió el pasado quince de diciembre mientras mi amiga y yo comprábamos los últimos regalos de Navidad, cuando pasábamos por un paso de zebra, pensando que el coche que iba a pasar pararía, me atropelló. En realidad iba a atropellar a mi amiga, pero yo la empujé y en su lugar me atropelló a mí. A partir de ese momento vi que mi cuerpo se partía en dos, uno se quedó en medio de la calle estirado, y el otro se fue al lugar dónde estaba mi madre en ese momento. Por desgracia tuve que ver cómo mi madre recibió la noticia de que a su hija la habían atropellado, se puso a llorar, entonces se me vino la anima al suelo, odio o ‘’odiaba’’ ver a mi madre llorar. También vi las reacciones de mis familiares. No sé porque nos pasó eso en el paso de cebra, mi amiga y yo nunca hicimos nada del otro mundo ni cosas muy malas, solo éramos adolescentes que se divertían los fines de semana y pensaban en un futuro cercano.
Entonces pensé en unos días antes a mi muerte, discutí con mi madre, y dije en voz baja que ojalá algunas veces no estuviera en el mundo, y alguien me escuchó, y ahora no sé ni siquiera dónde estoy.
Los días siguientes fueron Navidad, hubo una cosa que me impactó mucho, cada noche mi madre iba a mi habitación y parecía que podía hablar con ella, era como si por las noches yo existiera. Ella me preguntaba como estaba y yo sabía que ella escuchaba mi respuesta. Era una situación rara, además, tal vez fue un regalo de Navidad, cuándo dije en voz baja que a veces no quería estar en el mundo. Pero ese regalo no me gustaba, es más, odiaba ese estúpido regalo, y es que a veces pasa, que decimos las cosas sin pensar y es después cuando nos damos cuenta que hemos cometido un error.
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